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MONUMENTO DE SAN PRUDENCIO

Como bien conocerán la mayoría de lectores de esta sección, en Álava se honra la memoria de San Prudencio cada 28 de Abril, celebrándose la mayoría de actos festivos en los alrededores de la Basílica de Armentia –que llevó hasta 1970 el título de San Andrés, su primitiva advocación–. El primer acto en ese día da inicio a primera hora de la mañana, con la tradicional alborada que los txistularis forales tocan en el porche del Palacio de la Provincia. Aquí se interpreta el zortziko «Álava», composición del músico vitoriano D. José Fresco, que incluye como tema principal lo que popularmente se conoce como zortziko de San Prudencio. En la letra de este tema –atribuida a D. Serafín Cuadra– se hace mención a la propia fiesta y a la romería de ese día en las campas de Armentia.
Hacia las 11 de la mañana se dan cita al pie del Monumento al Santo, los corporativos de la Diputación y del Ayuntamiento de Vitoria, para conjuntamente dirigirse a la basílica, precedidos de los dantzaris y txistularis forales. El obispo de la diócesis y el cabildo catedralicio reciben a la comitiva a la entrada del templo, para una vez en el interior celebrar una misa solemne, que está precedida por el traslado de la imagen del Santo en torno a la iglesia. Antes y después de esta misa, muchos fieles devotos del Santo se aproximan al altar para besar una de sus reliquias, que se ofrece en un marco de plata.
Del patrón de los alaveses no se conoce con precisión apenas nada de su biografía. Las dudas sobre su existencia surgen por parte de numerosos estudiosos e historiadores. Así algunos apuntan que nació y vivió en el siglo IV d.C., mientras otros atrasan su vida hasta pasado el primer milenio. Sin embargo, la mayoría apuestan por ubicarlo en el siglo VII, señalando que su lugar de nacimiento fue la localidad alavesa de Armentia. Se cree que Prudencio vino al mundo en el seno de una familia acomodada que residía en el barrio armentiense de Mendibe. Según la tradición popular, en un edificio anterior al que ahora se levanta en el solar de la denominada Casa del Santo –que en realidad fue la residencia que mandó construir en 1806 el ilustre alavés D. Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, Obispo de La Habana (Cuba) de 1802 a 1832–. Durante el siglo XVIII, las Juntas Generales de Álava planificaron la construcción en este lugar de un santuario en honor al Patrón, que no llegó a hacerse realidad.
San Prudencio fue elegido «patrono y titular» de Álava en 1643, según voto unánime de todos los procuradores de las Juntas Generales, reunidos para tal evento en el desaparecido convento vitoriano de San Francisco. La Santa Sede no autorizó el patronazgo hasta finales del siglo XVII (1698). Esta designación papal fue ratificada por las Juntas Generales el año 1699. Sin embargo, parece que los vecinos de la villa de Vitoria ya ofrecían culto al santo desde fines del siglo XV.
El monumento a San Prudencio, erigido al final del paseo de su nombre, a la entrada del barrio de Mendibe y de la urbanización del Alto de Uleta, es quizá uno de los elementos más emblemáticos y conocidos de Armentia y también, el de más reciente construcción. El monumento, inaugurado el 28 de Abril de 1940, consta de un arco de inspiración románica, obra de D. José López de Goicolea, que cobija una escultura del Santo. La imagen posee una altura de 2 metros, incluido el basamento de piedra –pieza sobrante en la construcción de la catedral nueva , y fue esculpida en mármol blanco de Carrara (Italia) por el artista D. José Marín.
Teniendo en cuenta la carga histórica y artística de este monumento, así como el significado de devoción hacia la figura de San Prudencio que despierta en muchas personas, pedimos desde estas líneas que sea más respetado, sobre todo, el mismo día de San Prudencio. Como pudimos comprobar el pasado día 28 de Abril, un grupo de músicos tuvo a bien ofrecer sus recitales justo en la parte posterior de la escultura del Patrón, ubicación un tanto irreverente y, cuando menos, poco apropiada. Por ello, apelamos al civismo y urbanidad de todas las personas que se acercan hasta Armentia ese día y a las autoridades garantes del orden y de la organización de los eventos, para que impidan que el entorno más inmediato del monumento se vea invadido de puestos de venta ambulante y de juglares.