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LA DESTRUCCIÓN DE UN ENTORNO UNICO

Parafraseando al escritor y filósofo francés Montaigne que, cuando quería explicar lo incomprensible, decía: “El corazón tiene sus razones que la razón no comprende”, podemos decir nosotros de algunas decisiones tomadas en altas instancias: “Las instituciones tienen actuaciones que el pueblo no comprende” ...ni comparte en muchas ocasiones, como la que vamos a exponer.
Se trata de la transformación radical de un tramo de carretera, de escasos 5 kms., que discurre entre el cruce de Marquijana y el polígono industrial de Ayala. La mayoría de quienes lean esto ni siquiera sabrán dónde ubicarla, pero parece ser que se trata de un asunto ineludible e inapelable. En efecto, la Diputación está empeñada en sacar adelante un proyecto calificado como “absurdo” por las gentes del Valle de Ayala, quienes han cerrado filas para intentar eludir una bárbara agresión más en su paisaje.
En el año 2.000, en estas mismas páginas, publicamos dos artículos en torno a la degradación paisajística del Valle de Ayala a partir de los vertederos industriales allí existentes y también acerca de la contaminación del río Izoria desde la implantación del polígono de Murga. Pues bien, no sólo no se ha hecho nada al respecto, sino que ahora se pretende construir una carretera de acceso a dicho polígono de un tamaño absolutamente desproporcionado al objeto para el que supuestamente está diseñada. La alteración degradante de uno de los entornos más bellos y singulares de Alava, tan importante por su historia como por su paisaje, estaría garantizada.
La contestación por parte de los habitantes del lugar ha sido unánime oponiéndose rotundamente a tan descabellado proyecto. Afectados directamente o no, se han unido todos para la preservación de su querido valle. Han conseguido incluso el apoyo de prácticamente todas las Juntas Administrativas de la zona, así como el consenso de los diferentes partidos políticos. Pero es de temer que todas estas adhesiones no consigan frenar la arrolladora máquina administrativa.
Sin embargo, su forma de oposición es verdaderamente ejemplar. No se trata de proponer que no se haga nada y dejarlo todo igual, ya que realmente la carretera actual es ciertamente insuficiente para el acceso de camiones al polígono de Ayala. Han propuesto una alternativa más acorde con las necesidades de la zona y que dañe lo menos posible al entorno. De lo que se trata es de evitar la desproporción y el despropósito. ¿O es que hay otro propósito detrás de semejante plan? ¿Se están ocultando otras intenciones?
Hace unos pocos años, la Diputación se vió sorprendida por la contestación popular que tuvo su pretensión de ampliar el polígono industrial a la otra orilla del río Izoria, a terrenos pertenecientes al pueblo de Olábezar. Haciendo caso omiso y alegando la necesidad de “desarrollar” una zona depauperada, la ampliación se llevó a cabo con la escusa de que hay poco terreno industrial en Álava y de que ya existían empresas dispuestas a instalarse allí. En tres años ha cambiado todo. El aterrizaje aún no se ha producido, ni tal vez se produzca nunca. Las empresas están cerrando y cada vez hay más oferta de solares industriales. Pero el desarrollismo mal entendido no para de avanzar. Parece que las instituciones tardan en asumir el cambio de los tiempos y pretenden llevar adelante planes diseñados hace años, para otras necesidades y otras mentalidades. El pueblo, en este caso, avanza más deprisa que sus dirigentes.
Al final, parece ser que esa carretera desproporcionada no lo sería tanto ya que se trata de crear un macro-polígono industrial en la zona, aunque para ello sea preciso sacrificar un entorno que tiene claramente una vocación diferente dadas sus características. Por ejemplo, el turismo cultural.
Ayala se ha caracterizado históricamente por su independencia en la elección de su destino. Un incipiente estilo democrático estaba en la forma de elección de sus regidores en el campo de Saraube o Zaraobe. Y su Fuero es uno de los pocos que aún tiene un cierto vigor en toda España. Por eso sus habitantes se unen cuando sospechan que las decisiones que van a afectar a su querida tierra son ajenas a sus deseos, ponen en riesgo lo que siempre han preservado y son tomadas sin tener en cuenta su voluntad.