
La propuesta de abrir una cantera en el Parque Natural de Izki es quizás, de entre las muchas amenazas actuales a la integridad del patrimonio natural alavés (como la macrocárcel Zaballa, la línea de alta tensión por la Montaña alavesa, la presa de Korrosparri, las centrales eólicas previstas en zonas de montaña...), una de las más preocupantes, tanto por la gran dimensión de sus consecuencias medioambientales como por sus implicaciones para los demás proyectos. Agradezco a la sociedad Landázuri la oportunidad de explicar por qué.
Se resume fácilmente la solicitud una empresa alavesa : extraer 400.000 m3 de arena al año de un terreno de 400 hectáreas, más de la mitad de la cual se halla dentro del Parque Natural de Izki. Para entendernos, se está solicitando hacer un cráter a cielo abierto dentro del parque de un tamaño equivalente a más de doscientos campos de fútbol: nos hallamos, pues, ante un proyecto de gran envergadura, no un mero boquete en un bosquete. Y es cráter, no mina subterránea, lo que aumenta el impacto visual, en contra de los planes del Gobierno Vasco para reducir la visibilidad de la actividad minera.
Los impactos medioambientales son previsibles: amplios destrozos en la vegetación y el suelo, en una zona que contiene una de las mayores y mejor conservadas masas de marojal (Quercus pyrenaica) de Europa; destrozos, por lo tanto, en un hábitat que resulta atractivo para diversas rapaces y, en especial, para la principal colonia española de pico mediano (Dendrocopos medius), que vive en el parque. Además de la desaparición física de flora y fauna, habrá que contar con los efectos del polvo y del ruido (maquinaria, camiones, voladuras...): la zona circundante también se verá inevitablemente afectada y el paisaje se verá sometido a un cambio irreparable.
En una ubicación deteriorada un atropello medioambiental más apenas se notaría: pero no es el caso de esta cantera. Por el contrario, estamos hablando de una zona con un estado de conservación sobresaliente, de excepcional valor naturalístico y de gran biodiversidad. No es de sorprender, pues, que el terreno afectado está acogido a diversas figuras de reconocimiento y protección medioambientales: la más conocida, sin duda, es la de Parque Natural, cuya planificación ya aprobada impide claramente cualquier actividad extractiva en la zona bajo discusión.
Pero, además, el espacio pertenece a la Red Ecológica Europea Natura 2000, siendo a la vez Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Otros espacios protegidos por esas mismas figuras se hallan lo suficientemente cerca como para temer efectos medioambientales negativos también en ellos. Diversos hábitats declarados de interés comunitario se verán afectados. La zona también ha sido declarado Paisaje Sobresaliente de Álava.
Hay más: hoy en día se considera importante no sólo la conservación de espacios naturales de interés sino, además, los corredores entre ellos, para evitar un aislamiento perjudicial para las poblaciones faunísticas. De hecho, el parque está imbricado en la iniciativa europea para impulsar el gran corredor de montaña que va desde las Cordilleras Cantábricas hasta los Alpes, pasando por los Pirineos y el macizo central francés. De llevarse a cabo el proyecto, también se afectará negativamente a esta conectividad ecológica.
No son las ambientales las únicas afecciones. Estamos seguros de que otras entidades sabrán valorar mejor que nosotros su impacto en la calidad de vida de las gentes de los pueblos cercanos o el patrimonio cultural agropastoril de Izki: entre otras cosas, Peña Askorri, gruta escenario hasta pocos años de las reuniones de los pastores de los cinco pueblos que gobiernan desde hace más de medio siglo el Izki alto, sería destruida. A nosotros, sólo nos corresponde decir que estamos ante un espacio cuyos valores naturalísticos y paisajísticos han sido ampliamente reconocidos, no sólo por la sociedad alavesa, sino también a nivel español y europeo. Entendemos que el proyecto es absolutamente incompatible con las figuras de protección descritas, lo que debe llevar a la paralización inmediata del proyecto.
Lo preocupante, desde el punto de vista de este Instituto, es que, después de meses de tramitación, todavía no está claro si todas esas figuras de protección son, simplemente, papel mojado o si van a ser suficientes para evitar el atropello propuesto. Y si no son suficientes en el P. N. de Izki, mucho nos tememos que no lo van a ser en ninguno de los otros proyectos propuestos, ya que a menudo, aún siendo de gran interés naturalístico, gozan de menor grado de protección que Izki.
La sociedad Landazuri agradece la colaboración del Instituto Alavés de la Naturaleza Arabako-Natur institutua (IAN-ANI) a través de su presidente Nick Gardner y al fotógrafo del instituto Antonio Gonzalez