
Desde que comenzó a editarse por el Ayuntamiento de Vitoria el programa oficial de nuestras fiestas patronales, allá por el año 1890, éste ha sufrido una transformación notable, lo que ha motivado varios artículos periodísticos; uno, en el mismo programa de fiestas del año 1991 (con el centenario de su publicación ya cumplido), que detallaba la evolución del estilo artístico de sus carteles anunciadores a lo largo del tiempo y la transformación del sentido de las fiestas que reflejaban los carteles que, de ser genéricos en un principio, pasaron a su vez a ser representación del sentimiento local. Esto lo escribió Pilar Arostegui. En ese mismo programa se incluye también otro artículo que ya, de forma más exhaustiva, detalla el significado del contenido de los carteles anunciadores y de su repertorio temático, realizado conjuntamente por José Antonio García Díez y José Luis Sáenz de Ugarte.
En esta ocasión no vamos a comentar los carteles de los programas, sino el contenido de los mismos. Los primeros programas incluían como tema exclusivo los eventos festivos y algunas fotografías. Así, podemos ver la evolución de las obras del embalse de Albina con fotografías, sin más comentarios, en el programa de 1944. En el de 1945, entre otros festejos populares, se destaca la celebración del primer campeonato de bolos de Álava, incluído el reglamento de la competición. En la década de los cincuenta empieza a aumentar su contenido y aparecen las primeras alusiones que invitan a visitar Vitoria en fiestas. La década de los sesenta está dirigida a divulgar las modificaciones urbanas de la ciudad. En la de los setenta, la edición del programa se mejora y comienzan a detallarse hechos, “cosas” de la ciudad: se habla de arqueología, de la Escuela de Artes y Oficios, de escultores, de historia y de costumbres y se observa la necesidad de un museo de etnografía, por cierto tema todavía pendiente. La década de los ochenta describe itinerarios que muestran museos, plazas y jardines, centros cívicos y otros detalles de la ciudad. El formato ya es de un porte más cuidado. La década de los noventa, salvo en el año 1992, año en el que no se publican más que los contenidos festivos, vemos cosas como la historia de los gigantes y cabezudos, un siglo de música, historia de los blusas y recuerdos del pasado a través del archivo fotográfico, por citar algunos temas. Así, llegamos al siglo XXI, en el que se han publicado datos sobre la arquitectura fortificada alavesa, sobre las damas de campanario ,que es un estudio sobre las campanas de nuestras torres, sobre el diccionario de la Blanca y otros temas, pero de repente esta estructura que describía aspectos de nuestra ciudad desaparece y así, las publicaciones de los años 2006, 2008 y 2009 se limitan a exponer los programas festivos exclusivamente.
Es ahí, sobre este último cambio observado, donde queremos incidir: en estos últimos programas que, superando el formato funcional de un folleto han tomado cuerpo de libro y que sin embargo dejan de aportar esos datos que definen a nuestra ciudad e idiosincrasia, tan interesantes desde todo punto de vista.
Solicitamos por tanto a quien corresponda, se recupere la línea editorial anterior, puesto que temas sigue habiendo, archivos llenos de datos que están esperando ver la luz también y sobre todo, que la práctica de estos tres últimos años citados no se convierta en costumbre, despreciando de esa manera la oportunidad que ofrece una publicación tan popular como es un programa festivo para formar e informar sobre nuestra historia, usos y costumbres, sobre nuestro patrimonio en definitiva, a ciudadanos de toda la vida, a los ciudadanos recientemente incorporados y cómo no, a los visitantes.