
Ahora que hemos contado con la presencia de Wynton Marsalis en esta ciudad, podemos decir que su réplica que descansa junto a un banco de la Florida, no está a su altura como tampoco se ha estado al comparar la obra recién grabada “Vitoria Suite”, con la “ Victoria de Wellington” o “ Batalla de Vitoria” del insigne compositor Beethoven, a quien no se la concedido a título póstumo la medalla de oro de la ciudad ni cuenta con una escultura sentado en un banco mirando el monumento a la contienda , mientras suena la sinfonía por megafonía aunque la pueda escuchar por el carillón del reloj de la casa consistorial todos los días a las 12 horas.
Tampoco está a la altura y no por no tenerla, la obra escultórica “La mirada” de Miquel Navarro, por su mala ubicación que bien se pudiera disfrutar en Salburua y no encajonada junto al Artium.
Y qué decir del Museo VASCO de arte Contemporáneo, que se deja escapar dos oportunidades únicas de arte vasco, el depósito de las obras de Néstor Basterretxea y de Remigio Mendiburu, que descansan en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, en definitiva no han estado a la altura.
Podemos agradecer el proyecto que se va a retomar de la plaza de los Fueros, que la ciudad y sus políticos con el cerramiento de la obra de Eduardo Chillida, no ha estado a la altura ni con la obra de la donostiarra Cristina Iglesias que se encierra en el Parlamento a pesar de ser un laberinto de terracota que debe ser objeto de contacto con la ciudadanía, convirtiéndose en un monumento oficial, lejano del destino de la misma.
Ni siquiera la fiesta está a la altura, no hay más que ver la cara de nuestro muñeco Celedón con el parecido del de carne y hueso o a la escultura que se apoya en la balconada que no abre el paraguas invitando a la fiesta.
Y si hablamos del Museo de Arqueología, que hipoteca una futura ampliación de un museo único en el mundo como el de naipes, aunque la obra de Patxi Mangado lo resuelva acertadamente con el espacio que cuenta y la plaza que se crea pero que recurre a unos lucernarios en la cuarta ciudad más oscura de España.
Nos subimos a altura de la catedral Santa María y se puede observar una catedral inacabada y echamos en falta una escultura de nuestro arquitecto Olaguibel asomado en los arquillos y un proyecto “pavimento” para tener uno definitivo en una zona peatonal pionera que deja bastante que desear.
Antes de abandonar la atalaya, podemos observar el buen trabajo que se viene realizando con una rehabilitación respetuosa y un colorido que nos invita al optimismo, contagiados por el taller de muralismo en el casco medieval.
Como quiera que esta sociedad también en ocasiones no haya estado a la altura, nos bajamos del montacargas y ponemos los pies en el suelo para desearos
Felices Fiestas, Ondo pasa jaietan.