
Se celebra, hasta el 18 de Octubre, una exposición en el museo de Bellas Artes dedicada a estos dos ilustres, e ilustrados, alaveses. Aprovechando esta oportunidad, la Sociedad Landázuri considera de interés divulgar la personalidad de ambos entre nosotros.
Empezaremos por el más desconocido de ellos; Eugenio de Llaguno y Amirola (1724-1797) nacido en Menagaray y fallecido en Madrid. Llaguno fue un alto funcionario de la Corona más de 50 años, y teniendo en cuenta la esperanza de vida de la época, constituye este tiempo un récord. Empezó su andadura en la carrera diplomática como oficial de la Secretaría del Despacho Universal del Estado, cargo que dejaría al ser promovido a secretario del Consejo de Estado y de la Suprema Junta de Estado, Ilustre Consejero y primer rey de armas de la Orden del Toisón de Oro, secretario del Despacho de Gracia y Justicia de España e Indias. Pasando el tiempo, fue Consejero de Estado, caballero de Orden de Santiago, gran cruz de Carlos III y gentil-hombre de cámara del monarca.
Además de todo lo reseñado, fue académico y secretario de la Historia, y a partir de 1767 miembro, activo, de la Sociedad Bascongada.
Fue un hombre dotado de gran capacidad de trabajo, aunque estos importantes cargos no le impidieron traducir la tragedia de Atalia, de Racine, así como publicar e ilustrar, con oportunas y doctas notas, las crónicas de los reyes Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III. que escribió su paisano Pedro López de Ayala. Así, ni más ni menos.Todo un currículo.
Llaguno, pertenecía a esa casta de hidalgos vascos trabajadores y tenaces, a los que no se les caían los anillos, entre otras cosas, porque la mayoría de ellos no los poseían, por ejercer trabajos en la Administración, Comercio, Armada, etc.. Todo esto favorecido por su condición de hidalgo que,en tiempos del Antiguo Régimen, era totalmente indispensable para lograr puestos de cierta altura, vedados al resto de las clases sociales.
La hidalguía universal en Guipúzcoa y Vizcaya, así como la gran cantidad de éstos en Alava, amén de su laboriosidad y honradez, propició la gran cantidad de vascos al servicio de la Corona.
Simón de Anda y Salazar. Su figura es más conocida que la de Llaguno, incluso tiene una calle dedicada a su nombre en Vitoria. La personalidad de Anda es diametralmente opuesta a la de Llaguno. Anda, fue un gran administrador y colonizador, allá en Filipinas, pero, sobre todo, fue un hombre de acción y un buen militar, sin serlo.
Nació en Subijana de Alava en 1709 y no conocemos con exactitud cuando murió, solamente sabemos que falleció en su último viaje de vuelta de Filipinas.
Anda, obtuvo el grado de doctor en jurisprudencia en la universidad de Alcalá y con motivo de hallarse trabajando el marqués de Regalía en la nueva recopilación de las Leyes de Indias, fue llamado por éste para ayudarle en la ejecución de la obra. Más tarde, fue promovido por Carlos III a la Audiencia de Manila. Estando Anda en la isla de Bucalán, en 1763, con motivo de guerra hispano-británica los ingleses invadieron las Filipinas y tomaron Manila. Al unísono, Anda fue nombrado gobernador y capitán general de las islas, peleando valerosamente contra el enemigo y logrando con su actuación la retirada de éste. El monarca, en atención a sus méritos, le otorgó el título de Jefe del Consejo. En 1767 volvió Anda a España, portando en su barco un elefante como muestra de agradecimiento al rey, desembarcándolo en Cádiz para de allí llevarlo a Madrid. Tal fue el agradecimiento de Carlos III por el obsequio, que le concedió el privilegio de poner un elefante en su escudo de armas, tal y como puede observarse en nuestro días en su casa de Subijana, que por cierto, su estado de conservación no es lo bueno que se pudiera desear, tal y como se puede observar en la fotografía adjunta