
Son varios los casos en que como fruto de estudios históricos, en numerosas ocasiones producto de excavaciones arqueológicas, son puestos al descubierto testimonios de un pasado que bien por su conservación o por su importancia individual o de conjunto, merecen una atención especial. Y esta atención no es una consideración gratuita. Es un mandato recogido en la ley de Patrimonio Cultural Vasco cuando hace alusión al artículo que trata de su conservación. Y esto no siempre se cumple. Son numerosos los ejemplos en que importantes testimonios de este patrimonio se encuentra en un auténtico desamparo. Es cierto que es tan rico y abundante este patrimonio que se hace difícil poder intervenir en él en toda su amplitud. Se hace por tanto necesaria una selección dando prioridades a las actuaciones, bien por la importancia del bien o por su delicado estado de conservación.
En este caso trataremos de un ejemplo concreto. Entre los años 1990, 1993 y 1996 con motivo de las obras del nuevo trazado de desdoblamiento y mejora de la carretera N-232 a su paso por las Conchas de Haro se intervino arqueológicamente en el desmonte donde se emplazarían las bocas de los túneles. Ya en las excavaciones de 1993 se trabajó en la zona que el nuevo trazado necesariamente tenía que destruir, investigando en la ladera que afectaba a un importante castro del Bronce Final y Edad del Hierro así como de unos niveles tardorromanos y un asentamiento medieval; todo ampliamente documentado en los trabajos de excavación arqueológica.
Entre lo descubierto destaca un conjunto, con una iglesia cuyo origen se remonta al siglo V, y que se amplió posteriormente, rodeada de una necrópolis. Esta construcción de carácter paleocristiano tiene una planta rectangular, con muros de sillares de arenisca, conservando una buena parte de su altura que llega a sobrepasar los dos metros y medio. Esta iglesia se amplió hacia el siglo X adosándosele una cabecera con planta de herradura en la que se encontró el tenante de altar de forma prismática. Todo ello hace que sea esta la iglesia construida más antigua del País Vasco y de zonas próximas. Ejemplos similares, pero no como edificio construido, se encuentran en algunos ejemplares de las cuevas artificiales del Condado de Treviño.
Han transcurrido 16 años desde que finalizaron los trabajos de excavaciones. En este espacio de tiempo, salvo la colocación de un cierre de malla para evitar el acceso incontrolado al recinto, nada se ha hecho para evitar la degradación natural por el paso y las inclemencias del tiempo, como hubiera sido algo tan sencillo como una consolidación y restauración de los muros, así como un arreglo del entorno. Cuando se construyeron los túneles para la actual carretera, no se tuvo en cuanta el crear un acceso que permitiera hacer visitable este conjunto excepcional, que hoy ha quedado aislado, siendo imposible en las condiciones actuales detenerse para poder visitarlo. Un aparcamiento en condiciones solucionaría este problema.
Y ahí es donde queremos incidir. Si cuando contamos con un ejemplo de primer orden, ya que se trata de la primera iglesia construida que nos habla de los inicios del cristianismo en el País Vasco y entorno, no hacemos nada por conservarlo, ¿donde está la sensibilidad de quienes tienen las competencias y responsabilidad para llevarlo a cabo? A tenor de esto, lo plantearíamos bajo otro punto de vista. En primer lugar por una rentabilidad social, haciendo que se cierre el ciclo que se inicia con la investigación, finalizando con su posterior proyección de los resultados a la sociedad. En segundo lugar por desaprovechar unos recursos, que en forma de bien cultural de primer orden, viene a aportar un elemento con el que potenciar un turismo cada vez más sensibilizado y atraído por este tipo de visitas a lugares de carácter arqueológico-histórico.
En los momentos actuales se podrá alegar el tema de la crisis económica, como justificación del coste que puede tener esta intervención. Esto supondría un desenfoque de la cuestión, ya que los trabajos que se crean en estas intervenciones dedicadas a valorar el patrimonio arqueológico-histórico no se debiera computar como gasto sino como inversión, ya que aquello que se realice en este campo tiene una proyección a corto plazo, al ofrecer nuevos incentivos que generarán nuevos flujos de turismo. Y si no ahí esta el caso de catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz. Esperemos que esta consideración no caiga en saco roto y se pongan en marcha las acciones dirigidas a revalorizar esta iglesia antigua de Buradón.