
Hace unos días, hemos dado un paseo por el nuevo polígono de este nombre y aparte de habernos impresionado su extensión, nos ha parecido interesante contar a nuestros lectores algunos de los detalles que hemos observado. En primer lugar, les diremos que los arroyos que atraviesan el polígono de marras, cuyo cauce está sobredimensionado, están totalmente secos en esta época del año, lo que nos ratifica que el llamado cambio climático no es ninguna entelequia surgida de la mente de algún ecologista, sino un hecho rabiosamente real, al que tenemos obligación de poner toda la carne en el asador para combatirlo, para lo cual es preciso ahorrar energía y evitar las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Al hilo de esta reflexión, y sin tener datos reales para cuantificar su número, hemos visto que no todos, ni mucho menos, los edificios de Zabalgana disponen de paneles solares en su cubierta; lo que nos ha extrañado, pues pensábamos que sería de obligado cumplimiento su colocación en todos los edificios de nueva construcción.
En cuanto a la rotulación de las nuevas calles, sigue nuestra perplejidad en cuanto a los nombres elegidos ya que se nos antojan exóticos para el entorno. ¿No tenían nombres los términos donde están las actuales calles? ¿Por qué no se han conservado como en otros polígonos? ¿No existen personajes locales y provinciales, nombres de montes, etc, que merezcan se les tenga presentes en nuestra memoria?. El resultado de todo esto es que al pasar por sus calles nos invade la sensación de que estamos en una población tan neutra que no somos capaces de identificarla con la nuestra. Todavía estamos a tiempo para rectificar este hecho, pues faltan muchas calles y plazas por hacer a las que hay que bautizar sin agua bendita.
La zona de Mariturri es lo peor del polígono con ventaja. La altura de los edificios, prácticamente encima de la aldea de Armentia, proporcionando horrible fondo a nuestra querida basílica de San Prudencio, es inaceptable desde todo de vista urbanístico y estético. Es una bofetada asestada al entorno de uno de nuestros monumentos románicos más emblemáticos y a la sensibilidad que sobre el mismo sentimos la mayoría de los alaveses, por su valor histórico, cultural y religioso. Por otra parte, nos recuerdan a los suburbios de Belgrado, o alguna población semejante, construida durante la etapa comunista de algún país del Este de Europa, que no son, precisamente, ejemplos urbanísticos a seguir.
La entrada a Vitoria Gasteiz por Mariturri-Armentia permitía la incomparable vista –abajo- de la ciudad, con todo su casco viejo entero adornado con sus cuatro torres, más la de las Salesas y al fondo, como remate, la maravillosa vista proporcionada por las sierras montañosas de Elgea y Aratz-Aitzgorri; espléndida panorámica de la ciudad, irrecuperable desgraciadamente como consecuencia de estas altas construcciones situadas en la parte más elevada de la ciudad. Paradójicamente, se han proyectado las pequeñas edificaciones, unifamiliares y adosadas, en la zona más baja junto a la aldea de Ali, rodeadas y condenadas de por vida a la sola vista de ladrillos y cemento por sus cuatro costados. Cualquiera se da cuenta que al revés hubiera sido mejor.
Esperemos al menos, que no se repitan los desastres de Lakua en cuanto a la proliferación de solares abandonados se refiere, que para empezar bien podían ser ajardinados o convertidos en parques, sin dilación alguna.