
Mañana, día 20 de enero, se celebrará el bicentenario del nacimiento del músico alavés Sebastián Iradier Salaberri -Lanciego 1809- y con tal motivo, Sociedad Landazuri organizó una conferencia-concierto que tuvo lugar en esa localidad el pasado 17 de enero, a cargo del también compositor alavés Sabin Salaberri Urzelai. Amenizó la cita el trío de violín, flauta y guitarra “Arabako Soinuak”, que interpretó obras del conmemorado Iradier. En su honor y como recuerdo, se repetirá el acto en Vitoria Gasteiz y en Agurain-Salvatierra, puesto que en ambas actuó como organista (en la Iglesia parroquial de San Miguel Arcángel y en la Iglesia parroquial San Juan Bautista, respectivamente). Después de una vida intensa, falleció en Vitoria el 6 de diciembre de 1865.
Sobre la biografía y méritos musicales de este compositor ya citamos algunos datos el pasado lunes en esta misma sección, motivo por el que se omiten en este artículo. Destacaremos, no obstante, un dato inadvertido, prácticamente desconocido, acerca de una de sus partituras, si no la más importante desde el punto de vista musical, sí desde el punto de vista popular. Nos referimos a su canción “La Paloma”, la más universalmente conocida, aunque desconocido su autor incluso en nuestro entorno más cercano. ¿Cuál es el dato? El lugar donde se encuentra depositada la partitura original de tan célebre página musical: la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad de Vitoria-Gasteiz.
Sin negar los méritos de tan benemérita Institución que tan bien ha guardado ese preciado tesoro durante muchos años, creemos que cualquiera de nuestros museos sería lugar más adecuado para dignificar a la obra en sí y dotar de la merecida popularidad a su desconocido artífice: Sebastián Iradier Salaberri, alavés de pro. Una mesa-vitrina sería suficiente en este caso; pero no nos quedamos ahí.
Nuestra provincia ha dado músicos compositores importantes, desde Juan García Salazar, compositor barroco de altura del s. XVII, hasta los más contemporáneos: Antonio Lauzurica, Francisco Ibáñez Irribarría, Bingen Mendizábal, Zuriñe Fernández Guerenabarrena, José Luis Ruiz de Gordoa y otros, a los que han precedido clásicos de música religiosa como Vicente Goicoechea o Julio Valdés, y otros más prolíficos y cercanos, como José Uruñuela, Jesús Guridi, Germán Landazábal, José María Sanmartín, Luis Aramburu, Sabin Salaberri, y muchos más, con lo que bien se podría conformar lo que podría denominarse “Museo de la Música de Álava” en honor de todos ellos y para mayor divulgación de su obra. Si añadimos además formaciones e intérpretes solistas, material no falta, atractivo sobra, y ¿voluntad? Ahí nuestro reto. La primera piedra: la vitrina apuntada. Lugar posible: Nuevo Palacio de Congresos, Exposiciones y de la Música. Los impulsores más adecuados: nuestras instituciones, claro. A ellas nos remitimos con esperanza.
Y puesto que Vitoria-Gasteiz ostenta la capitalidad de Euskadi, ¿por qué no ejercerla? ¿Por qué no acometer lo que podría ser el Museo de la Música del País Vasco? Su contenido, indudablemente, sería mucho más importante y basto, y gozaría, como consecuencia, de mayor atractivo. La posibilidad de una fonoteca para posibilitar el conocimiento y la divulgación de todo nuestro patrimonio musical, a nuestros estudiantes en primer lugar, y a toda persona interesada, la digitalización de partituras al alcance de todo el mundo, a modo de ejemplos, serían de una utilidad y proyección incalculables. El proyecto merece la pena, por lo que, manos a la obra; sin complejos. Es nuestro deseo y a buen seguro, el de muchos alaveses.