
SANTA COLUMBA DE ARGANDOÑA.
La reciente noticia del hallazgo del ventanal románico policromado más antiguo de Álava en la iglesia parroquial de Santa Columba de Argandoña (véase El Correo, 20 de Octubre de 2008, pág. 6), es una muestra más de la enorme carga patrimonial del centro de la Llanada alavesa y, más concretamente, en el entorno inmediato del Monasterio Benedictino de Estíbaliz. Fueron D. Pedro Luís Echevarría Goñi (Doctor en Historia del Arte de la U.P.V.) y D. Juan José Galdós López (miembro del Seminario Alavés de Etnografía y vecino de la localidad), quienes certificaron la importancia del descubrimiento.
La iglesia de Argandoña se ha situado por derecho propio entre las más notables del territorio alavés. Es la única en Álava en poseer la advocación de Santa Columba, cuya devoción ya se reconocía en los calendarios visigóticos, sobre todo, a partir del siglo VII. Tal advocación aparece como titular de iglesias y ermitas en los caminos medievales más antiguos, ubicándose Argandoña en el trazado de uno de ellos: el ramal del Camino de Santiago a su paso por Álava. El templo –datado hacia el siglo XIII– se encuadra dentro del estilo románico tardío. Consta de una sola nave de tres tramos que se cubre con bóveda de cañón, con ábside semicircular. Los elementos escultóricos románicos de su portada se relacionan directamente con los de la Puerta Speciosa del cercano Santuario de Estíbaliz.
Este descubrimiento puede considerarse pieza importante para la reconstrucción del puzzle histórico-artístico de nuestro pasado. Este hecho ha de ser un motivo de alegría para las decenas de miles de visitantes que año tras año acceden hasta el Monasterio de Estíbaliz, bien atraídos por la devoción hacia la Patrona de Álava, bien en su caminar por la ruta jacobea y para contemplar el extraordinario ejemplo románico de su santuario, o bien por la práctica deportiva o de paseo desde Vitoria-Gasteiz y a través de la ruta verde del antiguo ferrocarril vasco-navarro de la línea a Estella.
El legado patrimonial que guardan celosamente los pueblos que rodean el cerro del Santuario de Estíbaliz es magnífico. Basta tan sólo enumerar los edificios religiosos que gozan de una singular carga patrimonial en la zona: los bellos ejemplos románicos de las iglesias de San Martín de Tours de Gáceta, San Pedro Apóstol de Matauco, San Julián y Santa Basilisa de Oreitia, o la ermita de San Juan de Arrarain de Elburgo; los elementos góticos de las parroquias de San Miguel de Ascarza y Santa Catalina de Andollu; o la interesante portada plateresca de San Andrés Apóstol de Villafranca. El ventanal policromado descubierto en la iglesia de Santa Columba de Argandoña es uno de los últimos elementos en aparecer, pero apostamos a que no será el último.
Sin embargo, ¿cuántos de los miles de visitantes que llegan a Estíbaliz pueden acceder a comprender todo este rico legado histórico-artístico y patrimonial? La respuesta nos entristece y preocupa: muy pocos. El epicentro histórico-artístico de Álava –al margen de su capital– no cuenta en la actualidad con una promoción y puesta en valor adecuada. Son iglesias rurales no acondicionadas para las visitas foráneas, excepción hecha, claro está, del propio Santuario de Estíbaliz. Animamos desde estas líneas a las administraciones públicas y a cuantas empresas y agentes sociales tengan relación con el patrimonio cultural, para que se atienda la promoción de todo este fantástico legado histórico. La planificación y puesta en explotación de estos recursos patrimoniales, sin duda incidirá en la generación de riqueza a través del turismo cultural, un tipo de turismo cada vez más demandado y que aporta –pero también exige– altos niveles de calidad, tal y como ha quedado más que probado en el “Abierto por Obras” de la Catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz. El sector hostelero y de servicios en general de Vitoria-Gasteiz, sin duda se beneficiaría a pesar de la actual coyuntura económica.