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UN PATRIMONIO EN COMPLETO ABANDONO


UN PATRIMONIO EN COMPLETO ABANDONO

En una visita que tuvimos ocasión de llevar a cabo al Parque Natural de Valderejo, por cierto de una gran belleza natural, en algunos casos sorprendentes, nos llamó la atención el que todos los esfuerzos sean únicamente dirigidos a la conservación de los espacios naturales. Cosa loable para garantizar esta conservación y evitar su deterioro. Sin embargo no lo es tanto la dedicación por conservar los restos de los antiguos pueblos que dieron vida al Valle de otros tiempos, y que por cierto el estado de conservación de lo que hoy podemos ver y disfrutar, se lo debemos a aquellos habitantes de esos pueblos, que supieron controlar su actividad agrícola-ganadera-forestal, manteniendo un equilibrio entre los recursos que se les presentaban y su explotación.

Salvo el pueblo de Lalastra, donde se concentra toda la vida y actividad del Valle y que es la entrada oficial a este Parque, el resto de los pueblos que existieron están en ruinas. Como un inciso diremos que son de interés las visitas del Centro de Interpretación del Parque de Valderejo así como la exposición etnográfica sobre usos y costumbres que se puede ver en el edificio de lo que fue el antiguo ayuntamiento del pueblo, cercano al Centro de Interpretación. Visita que recomendamos y que resulta indispensable para conocer dos aspectos, el natural y el etnográfico, para entender la realidad del Valle de Valderejo, en su vida tradicional

Las ruinas de los edificios de los pueblos de Lahoz, Villamardones y Ribera, son el testimonio vivo de una realidad muerta, pero no por ello menos interesante. Recorrer aquellas calles, hoy silenciosas, por las que antes se podían escuchar voces, risas y cantos, tienen el valor de lo que se viene a denominar como “ruinas románticas”. Pero para que tengan este valor, están pidiendo a voces, que se las libere de una vegetación que se las va comiendo y asfixiando,… y destruyendo. También nos encontramos con unos carteles que avisan que existe peligro de hundimiento de muros, con lo que la visita parece que contiene un cierto riesgo que deberá evitarse, no ya restaurando estos edificios, sino simplemente consolidando estas paredes.

En alguno de estos pueblos son especialmente interesantes las antiguas iglesias parroquiales. En uno de ellos (Villamardones) la iglesia está en un estado ya irrecuperable. En la iglesia de Lahoz, van a comenzar los trabajos de restauración, aunque su destino no será, al parecer, para el que fue creada, sino para una actividad relacionada con el Parque. Este cambio, en la función a desarrollar, es una buena alternativa para evitar su destrucción. Nuestro aplauso por esta iniciativa.

Pero no todo tiene este carácter positivo. Dentro del mismo Parque de Valderejo, existe una iglesia dedicada a san Esteban, que destaca sobre las demás, por su arquitectura y los valores que contiene. Elevada sobre una formación rocosa preside, todavía orgullosa y desafiante, las ruinas de las casas de este pueblo abandonado y en ruinas. Su espadaña románica, acogedora de campanas que fueron fundidas a sus pies, en el siglo XVIII, y una portada, con unos capiteles con cabezas diabólicas, que acompañan a un centauro sagitario y unos guerreros con sus pertrechos. A través de esta portada se accede al interior, que bajo una bóveda de cañón apuntada, que reposa sobre arcos fajones, nos hacen rememorar otros tiempos, para este edificio, indudablemente mejores. A todo esto podemos añadir que su retablo plateresco, trasladado en su día al Museo de Bellas Artes en Vitoria-Gasteiz, dejó desnuda esta cabecera, con las cicatrices propias de esta acción. Sin embargo, hoy en sus paredes, pueden contemplarse interesantes pinturas murales del gótico lineal, descubiertas en 1981, que muestran numerosas temáticas. En la cabecera, en una franja, dividida por el ventanal de la cabecera, se representa el apostolado. En otra escena puede verse la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. Como figuras aisladas, se muestran San Sebastián, San Lorenzo, y San Miguel. Coronando el frontal, rota por el ventanal, una mandorla, con ángeles a su alrededor. En los laterales, quedan reflejadas las figuras de San Cristóbal, así como los evangelistas, también incompletos por la apertura de un ventanal, bajo el sol y la luna, En otra parte del templo, figuras de otros momentos, ornamentan las paredes. Ahora bien, ¿Cuál es el estado de esta iglesia? Una cubierta y una fábrica, en no muy buen estado. Con todos los ventanales abiertos por donde entran el agua y los pájaros, soportando este interior todas las inclemencias climáticas. En una palabra, en un deplorable estado. Sin embargo, el sistema de visita es posible, gracias a un pasillo enrejado, que si resulta muy duro en su realización, es positivo en su concepción, ya que permite entrar en la iglesia sin dar lugar a posibles desmanes de personas que quieran inmortalizarse grabando o pintando, sus nombres sobre las paredes. Es triste que se haya tenido que recurrirse a una formula tan dura en su formulación, pero eficaz en los resultados. Aceptémoslo como un mal menor.

Queremos llamar la atención ante esta situación de abandono y de incierto futuro, de la iglesia y de las pinturas. Estas representaciones pictóricas, si bien no son únicas en Álava, son una más de las pocas que existen, pertenecientes a este estilo. Y ahora viene la pregunta del millón. ¿A quien o a que se debe que este conjunto se encuentre en este estado? ¿Al Parque de Valderejo que como patrimonio cultural existente en su ámbito, debiera preocuparse de mantener una imagen y un cuidado similar al que hace con el patrimonio naturalístico? ¿Al Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Álava, por estar entre sus competencias y servicios los de restauración del patrimonio? ¿Al Obispado de la Diócesis por seguir manteniendo la propiedad (que posiblemente impida la actuación de las otras entidades) sin dar una salida a este tema, pero sin poner de su parte ninguna actuación tendente al mantenimiento de un patrimonio que pertenece a todos los alaveses? Recordemos que la Ley de Patrimonio obliga a los propietarios al mantenimiento y cuidado de sus bienes. ¿Tan difícil es ponerse de acuerdo entre las entidades competentes para llevar a buen puerto las acciones oportunas y necesarias para su conservación y puesta en valor? Realmente, la imagen que damos, al contemplar el estado en que se encuentra este patrimonio, es el de ser una sociedad muy cercana al tercermundismo. Con esta llamada de atención queremos dejar patente nuestra inquietud por que un patrimonio, que deseamos, entre otras cosas utilizar para atraer turismo, sea todo lo contrario a lo que pretendíamos, llevándose en este caso las gentes que nos visiten, una imagen de Álava nada favorecedora. Con toda razón.