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PARTICIPAR EN LA ESCULTURA

El museo Artium, con buen criterio (a nuestro entender) ha dispuesto en el espacio exterior adjunto a su edificio principal, varias esculturas que acompañan a “La mirada” que se comporta como obra principal y guión del museo hacia el exterior. De esta manera los numerosos transeúntes que pasan diariamente por este lugar pueden conocer una representación de las obras que el museo guarda y expone en su interior.
Algunos expertos en arte defienden con entusiasmo, que para disfrutar de la escultura hay que mirarla, remirarla y contemplarla largamente. Dicen que es necesario palpar y experimentar su textura y superficie, sus formas, acariciarla y sentir lo que la obra transmite a través de este contacto. Quizá sea esta la forma de sentir lo bello o atisbar lo sublime de la obra artística.
Siguen defendiendo algunos, que la contemplación de la obra de arte es todo un proceso. Mantienen que el disfrute de la manifestación artística es una acción interactiva que se desarrolla entre el espectador y el creador de la obra. El que contempla la obra debe integrarse de forma activa en el propio proceso del creador. Cuando este espectador tiene un sentimiento de gozo en su sensibilidad artística, es cuando el artista ha conseguido su objetivo, integrar en su obra a la persona que la contempla.
Jorge Oteiza fue el maestro del vacío. Nos manifestó su sensibilidad artística y su sentido de la belleza mediante el juego, la combinación y el desorden armonizado de los volúmenes, pero sobre todo de los espacios vacíos.
A través de los días podemos observar todo tipo de admiraciones a la obra de Oteiza denominada “El mirador metafísico”. Vemos visitantes que sacan sus fotos, parejas de novios que encuentran el lugar idóneo para su comunicación, personas que la miran y remiran con cara de interrogación cuando no de asombro. También la solemos ver rodeada de niños habladores y de sonoras risas que sentados en el suelo y con sus cuadernos delante, reciben de su educador o educadora orientaciones sobre el arte de vanguardia. Pero hoy nos hemos encontrado con el espacio vacío, ocupado por una persona que ha dejado apoyada en la obra su bicicleta y se dispone a tomar un refrigerio.
¿ Llegó a pensar el airado maestro que sus espacios vacíos pudieran ocuparse para el descanso y solaz físico (comer y apagar la sed) de las personas?.
Desconocemos si el ciclista de la fotografía tuvo intención de penetrar en ese mundo complicado y fantástico de Oteiza pero al menos físicamente está totalmente integrado en la obra. Lo más probable sería que no pretendía sentir sensaciones artísticas sino penetrar en el ámbito del descanso y reposición de fuerzas que el cuerpo necesita y el ánimo lo agradece.
Contemplando la “integración” del joven en “El mirador metafísico” de Oteiza nos preguntamos ¿Qué hubiese opinado de esta acción el maestro de Orio? Ustedes mismos pueden responder a la pregunta. Es una interpretación.
Aprovechamos para sumarnos a los diversos actos de homenaje que se están celebrando con motivo de cumplirse cien años del nacimiento del gran artista Don Jorge Oteiza.